MATEO GARRALDA  

"Yo lo tenía claro, me iba a retirar cuando reventara”. Y así lo hizo, porque recién a los 42 años dijo adiós a las pistas de balonmano, luego de comenzar tímidamente a los 6 años. Jugó en los más grandes clubes españoles, donde consiguió 6 Copas de Europa, 9 Ligas, entre otros trofeos. Con su selección sumó 2 bronces olímpicos, 3 platas europeas y el oro en el Mundial de Túnez el 2005, título que lo consagró como uno de los grandes baluartes del balonmano ibérico y mundial. Porque además de ganar el soñado título con su selección, consiguió a los 35 años, ser el Mejor Lateral Derecho del Dream Team. Mateo Garralda Larumebe (Navarra, 1969) vive su tercera juventud en el balonmano desde los banquillos, siempre con desafíos, unos que los llevarán la próxima temporada a Rumania, al Bacau.  

omenzaste desde pequeño con el balonmano, ¿alguna vez imaginaste que se convertiría en tu profesión? Conocí el balonmano a los 6 años, porque en mi colegio había varios profesores que les gustaba este deporte, entonces crearon una liga interna donde todos jugábamos. Yo no sabía lo que era el balonmano, pero me apunté con mis amigos de clase. Desde pequeño, y ya no tanto, tenía ese carácter nervioso, tenso, entonces lanzar con todas mis fuerzas un balón, correr, saltar, todo eso hizo que este deporte me eligiera a mí. 

Fotografía entrevista El Pais

¿Es cierto eso que a los 13 años Granollers quería ficharte pero tus padres no te dejaron hasta los 16 años, cuando acabaste los estudios? A ver, con el colegio fuimos jugando, viajamos por varios sitios hasta que a los 13 años fui a la selección navarra. Ahí la federación hizo un campus para que fueran los mejores jugadores de categorías infantil, cadete y juvenil, donde yo fui. A partir de esto Granollers se fija en mí, pero mis padres querían que terminara de estudiar, por lo que seguí en Pamplona hasta los 16 años.

 

Pero, ¿cuándo te diste cuenta que querías ser un jugador profesional de balonmano? Con 10 o 12 años yo ya quería ser profesional, se los decía a mis amigos porque ya me gustaba mucho el balonmano. En esa época, mis padres no le daban mucha importancia, lo veían como un juego, porque tampoco el balonmano daba para más. Cuando me fui a Granollers también me impusieron que siguiera estudiando, sino, me devolvía para casa. Allá estudié, y estuve en una de las mejores canteras del balonmano español. En ese tiempo se preocupaban de que sus jugadores fueran los mejores técnicamente, en términos de fintas y lanzamientos. Cada uno tenía que tener por lo menos, 2 o 3 fintas, y unos 3 o 4 tiros buenos, porque con eso se puede tener un buen jugador, antes y ahora. Nos preparaban para estar en el primer equipo del club.

 

Granollers, Atlético Madrid, Teka, Barcelona, Ademar, Portland, con estos clubes viviste experiencias únicas en ASOBAL y en Europa. La verdadera época dorada, pero también época de transición en el balonmano español Claro, el balonmano español cuando yo comencé era muy estático, con gente grande, muy fuerte como Melo, pero que jugaba muy posicional. Ante selecciones frescas y hábiles como la de Rumania o Polonia, aunque fueran lentos, hacían mucho daño porque eran muy móviles. Nosotros por el contrario éramos inmóviles, y por eso no encontrábamos posiciones cómodas de lanzamiento. Entonces, ahí es cuando nace una nueva generación, con canteras como la de Granollers o la del Barcelona, donde España comenzó a ganar en frescura, en dinamismo, en velocidad real, con mucho juego con el pívot, con juego de contraataque. 

 

Fotografía Vavel España

¿Qué entrenador marcó en tu carrera como jugador? Creo que cada uno me marcó en su momento. Valero Rivera por ejemplo, era muy minucioso con cada jugador, era muy trabajador. Con Jordi Ribera, por desgracia estuve muy poco, pero para mí es el maestro del juego sin balón. Es un entrenador capaz de generar, desde un movimiento sin balón, que todos los jugadores dentro de la pista sepan que hacer e interpretar. A mí me hizo mejorar, y me impuso una nueva forma de jugar el balonmano, aunque un poco tarde. El juego sin balón sigue siendo la clave del balonmano.

 

Y de momentos deportivos, ¿cuál es el más importante? Las Copas de Europa ganadas con el Barcelona, Teka y Portland fueron impresionantes, sobre todo con el San Antonio porque era el equipo de mi ciudad. La copa del Mundo de Túnez es algo que había perseguido desde júnior, en 1987, porque ahí quedamos sub-campeones. El camino fue largo, en Túnez ya tenía 35 años, pero valió la pena. En la final contra Croacia ganamos porque fuimos mentalmente más fuertes que ellos.

 

En ese mismo equipo, hubo una mezcla de jugadores jóvenes y otros con más experiencia, ¿cómo funcionó eso? Conforme un jugador se hace mayor, deja de ser fresco, se hace más cauto. Miramos más los riesgos, pero en un equipo se necesita la frescura de los más jóvenes, de su ilusión y sus ganas. A ellos también, hay que demostrarles lo bueno que tienen, y decirles que aprovechen sus potencialidades. Es fundamental la mezcla de ambos tipos de jugadores. Yo siempre les digo a mis balonmanistas, que en una final del Campeonato Nacional de Atletismo en Jamaica, Usain Bolt no puede estar al 90%, porque probablemente perdería su clasificación a los Juegos Olímpicos. Lo mismo pasa en un equipo, sino lo das todo pierdes esa ilusión y pierdes las ganas por trabajar. Nunca se puede perder el querer ser el mejor. 

 

Tú mismo debes haber vivido la experiencia de ir haciéndote más viejo dentro de la pista. Seguiste jugando hasta los 42 años. Puede ser cruel ir envejeciendo en el deporte, porque a veces pasa que no eres capaz de adaptarte. Pero yo lo tenía muy claro, tuve la suerte de ver retirarse, y jugar los partidos de despedida de grande jugadores como Lorenzo Rico, Cecilio Alonso, entonces siempre supe que estaría jugando hasta reventar. Me gustaba lo que hacía, y mi mayor transformación recién fue a los 35 años para el Mundial de Túnez, cuando conocí a un dios de la Preparación Física, como fue José Luis Hernández. Yo le decía a él lo que quería mejorar, y trabajamos juntos en mis debilidades. Por ejemplo, antes del Mundial le dije que quería sacar el lanzamiento a pie cambiado de cadera, y lo empezamos a entrenar y trabajar fijándonos mucho en los movimientos, en la biomecánica. Después de un año, en la final contra Croacia, lo pude hacer. Masip me llamó para saber de dónde había sacado ese tiro, y le dije que lo había estado practicando.

 

Dentro de tantos equipos, tantas selecciones, compartiste de cerca con grandes jugadores del balonmano mundial He tenido la suerte de compartir pista y vestuario con grandes del balonmano, como Lorenzo Rico o Tomás Svensson que tenía una capacidad de estudio, de autocrítica, de trabajo, de superación, increíbles. Talant por ejemplo, en un partido era un jugador capaz de cualquier cosa, pero en los entrenamientos el tipo trabajaba durísimo por conseguir sus resultados. Yakimovich era un espectáculo, no era tan trabajador pero tenía una de las mejores fintas. Enric Masip a nivel de clubes, sin duda fue el jugador más regular que he visto, sin bajones, además con un carácter increíble. Ivano Balic creo que es uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, domina tiros clásicos, en rectificados, cadera, finta al fuerte, al débil, en giro, técnicamente el mejor. Otro impresionante era Kristian Kjelling, uno de los mejores lanzadores en finta del mundo.

 

 

 

Entrevista 

Llámanos por Feuchtmann HC

T: +56 985018318

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