SEBA SIMONET 

La segunda generación de emigrantes del balonmano trasandino, logró lo histórico al clasificar por primera vez a unos Juegos Olímpicos, en los Panamericanos de Guadalajara del 2011. Un sueño hecho realidad, buscado por años, que consagró a "Los Gladiadores" en lo más alto del balonmano argentino. Entre las varias historias que esconde este hito, está la de Sebastián, el mayor de los Simonet. 

Por las selecciones argentinas absolutas han pasado varias generaciones de hermanos, los cuales han tenido el placer de compartir vestuario, y momentos únicos. En la década de los ’90 fueron los Viscovich y los Canzoniero, quienes además, tomaron la decisión de viajar al extranjero para ser profesionales. En la actualidad la historia se repite, pero ahora con apellidos como los Fernández, Portela y los Simonet, estos últimos los más emblemáticos. Sebastián Simonet Moldes (1986), el mayor de los hermanos (luego viene Diego y Pablo), lideró la propia migración familiar que actualmente los tiene a los tres,  jugando en la máxima categoría francesa.

 

¿Cómo comenzaste a jugar balonmano?

Empecé a los 7 años en el club Ferro Carril Oeste, donde se conocieron mis padres, ambos jugadores del club. Yo era bastante tímido, y no tenía muchas ganas de empezar, pero de manera muy disimulada mi papá me llevó a un entrenamiento, con la excusa que tenía que hacer un trámite en el club. Me dejó en las tribunas de la cancha, mirando el entrenamiento, y después me dijeron “pibe, ¿querés jugar un rato?”. No largué más la pelota.

 

¿Por qué te decidiste por este deporte al final?

Me decidí más que nada porque es el deporte que más se adaptaba a mi forma de ser, de jugar a cualquier cosa. Por altura y fuerza que tenía cuando chico, fui entrando a las selecciones juveniles de Argentina, y eso me ayudó a ir descartando otros deportes como el fútbol, y la natación, que practicaba al mismo tiempo. La dinámica, la velocidad, el “no parar” del handball es lo que me fascino desde un principio. Hay lucha, inteligencia, habilidad y mucha pasión. Todos los que jugamos este deporte, o los que empezamos a practicarlo en un país donde se juega amateur, somos un poco “enfermitos” por la número 3.

 

¿Qué significa la selección de Argentina en tu vida?

La selección Argentina para mí, me lo dio todo. Hoy estoy, y soy quien soy gracias a las cosas que viví con la celeste y blanca. Los lugares que he conocido, las experiencias que viví, los valores que uno aprende representando a su país, rodeado de amigos, y en mí caso de mi familia, rigen para todo la vida. Defender los colores, representar a toda tu gente, cantar el himno, y ser el ejemplo de muchos es algo muy loco, algo que cuando era un pibe de 10 años moría por alcanzar, y una vez que te pasan, te dejan una marca.

 

¿Cuál  es tu logro deportivo más preciado?

Los Juegos Olímpicos, por más de que deportivamente no salieron como esperábamos, fue uno de los mayores logros. Era un sueño de toda una vida. Desde que vi que tenía posibilidades de jugar en una selección mayor, la meta máxima que tenía era competir en unos Juegos, y que se haya cumplido y que todo lo que te imaginabas de la Villa, del famoso espíritu olímpico del que todos hablan, sea mucho menos de lo que te imaginabas, te paga y duplica todo el esfuerzo, las mil y una cosas que dejé de lado por dedicarme al handball desde tan chico. Pero haber sido campeones de América, ganar a Suecia en su propio Mundial frente a miles de personas, y haber generado una especie de revolución en el handball argentino, son otra de las cosas que jamás olvidaré.

 

 

¿Qué le falta al balonmano sudamericano para ser una potencia mundial?

Esta es mi octava temporada en un club en Europa, y cada año que pasa uno encuentra más cosas que hacen la diferencia. Son cosas estructurales, y a la vez culturales que son difíciles de cambiar. En la mayoría de los países sudamericanos, incluyendo Brasil, el balonmano está muy centralizar en pocas ciudades: en Argentina es Buenos Aires, en Chile es Santiago, en Brasil es San Pablo, aunque obviamente ellos están en otra escala, esto debería cambiar. No es un punto fácil, y va a llevar un tiempo que países como Argentina o Chile sean potencia, pero debemos seguir ejemplo, imitar actitudes y acciones. Ni más ni menos a una frontera de distancia tenemos a la campeonas del mundo, si es no nos marca el camino, somos más ciegos de lo que creía.
 

GUERREROS AMERICANOS

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