IMPLANTADOR DE SUEÑOS

 Hay muchas anécdotas que desentrañar en los más de 50 años que el balonmano lleva en Chile. Una de ellas es la de Marcelo Cruz, profesor Educación Física de la Quinta Región que como muchos, se convirtió en un devoto del balonmano en la universidad,  que llegó a formar a dos de los más grandes exponentes de nuestro país.  

 

Fotografía de Marcelo Cruz 

Cada capítulo de la incipiente historia del balonmano nacional, esconde sus propios personajes. Generaciones de cultores de este deporte, que con el paso del tiempo, se han ido distanciando del círculo más reconocido. Unos desaparecieron, pero otros sencillamente se mantienen estoicos trabajando, bajo su forma de ver y soñar, el balonmano chileno.

 

Por este camino se fue Marcelo Cruz, profesor de Educación Física de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), quien desde principios de los ’90 se entregó al handball. Los primeros recuerdos que tiene de este deporte, provienen de los noticieros de la época, donde mostraban un par de goles de las Olimpiadas de 1992. Después, cuando ingresó a la UPLA integró la primera generación de “profesores” que se tituló con la asignatura de balonmano, dentro de la malla curricular, ramo que era dictado por el profesor Enrique Ramírez.

 

En 1993 su proyecto de Psicomotricidad y Balonmano fue aprobado, y es así como inició su historia con este deporte. El Colegio Alemán en Villa Alemana fue el lugar donde se formaron muchos jugadores, que incluso llegaron a integrar selecciones durante los ’90. Entre ellos estuvieron los hermanos Martínez, y también Marco Oneto. “Ser parte de la formación de Pato y Marco para mi es acreditar que ese cambio que se buscaba en esos años se consiguió, con atletas mejor y más preparados…Pato como primer jugador profesional de balonmano de Chile, con 17 años de carrera religiosa…Marco el primer chileno de ASOBAL, campeón de una Champions, por supuesto me pone muy contento”, sentenció Cruz. 

 

En las canchas del Alemán de Villa Alemana se jugaron múltiples partidos, los cuales incluían intercambios con equipos de Santiago. También en los ’90 llevó a sus equipos a torneos internacionales como el de Villa Carlos Paz, en Argentina. La competencia para Marcelo Cruz era vital, y lo sigue siendo, porque en la actualidad se encuentra desarrollando dos proyectos de balonmano: uno en el Colegio Carlomagno y otro en el Club Alemán, donde quiere aportar de igual forma como lo hizo en los '90, fortaleciendo la formación de jugadores que sean parte una estructura general, del balonmano chileno.

 

A pesar de haber jugado en algunos pasajes de su historia, cabe recalcar que en sus más de 20 años de carrera el ser profesor y entrenador han ocupado un sitio mucho más trascendente. “Este deporte en el país, en las últimas dos décadas ha mejorado en términos de masificación, cada vez son más colegios y universidades que incorporan la disciplina…Pero la verdad es que aún falta competencia, falta estructura, porque se necesitan más y mejores atletas, se necesitan más referentes”. 

ARCHIVO NACIONAL 

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