EL PADRE DEL BALONMANO CHILENO

No llegó a Chile por el balonmano, como muchos creen. Tampoco era un experto de esta disciplina, pero si era un convencido de que el handball era ideal para este país. Su trabajo, disciplina y capacidad para cautivar con su discurso hicieron posible que el balonmano comenzara a darse a conocer en los ’80. Esta es la historia del señor Botka, el precursor del balonmano en Chile. 

 

Archivo personal de Hilda Vásquez  

¿Quién era él? ¿De dónde venía? ¿Por qué llegó a Sudamérica? ¿Fue jugador de handball? Es difícil comenzar este relato, porque la verdad es que son pocas las personas que en el presente, ligadas al balonmano, pueden responder estas interrogantes con propiedad. Pero quien sí puede hacerse cargo de acercarnos a la historia de Botka, ahora y siempre, es su familia, y en particular su esposa, Hilda Vásquez.

 

Su fiel compañera en su vida en Chile, sigue viviendo en el mismo lugar donde, junto con don Pablo, comenzaron a construir su familia. La casa aún mantiene una gran estantería con muchos libros, prueba del amor que Botka sentía por la literatura. “Pablo no hablaba mucho de hándbol en casa. Acá trataba de relajarse leyendo libros. Simultáneamente siempre tenía tres en el velador, una novela de autor húngaro o inglés, uno de filosofía y el tercero tenía que ver con el deporte”. 

 

Pablo Botka Faludi (1909, Budapest) en su juventud fue un eximio deportista. Practicó tenis, handball, fue campeón europeo de esgrima y también fue campeón Mundial de remo, modalidad 4 con timonel. Era profesor de Educación Física, pero también estudió Organización de Empresas y Auditoria. Todo esto sucedió en Hungría, país donde estuvo preso por varios años tras la II Guerra Mundial.

 

Es por esta razón que llegó a Chile en 1957, y porque afortunadamente su hermana, Lola Botka Faludi ya estaba en Chile desde hace algunos años atrás. Ella era bailarina de ballet, y junto con su esposo, Ernst Uttof habían fundado el Ballet Nacional Chileno, el primero de la historia del país. Es así como don Pablo comienza una vida en Chile, donde conoce a Hilda, se casan, y luego de varios años buscando un trabajo fijo, arriba a la Municipalidad de La Reina, para hacerse cargo del deporte en la comuna. 

 

Desde este lugar logró generar un movimiento deportivo importante, uno que llegó a oídos de la Dirección General de Deportes (DIGEDER), institución que lo llamó a finales de los ’60 para que presentara un proyecto, y trabajara con ellos. Planteó el handball, recuerda su esposa, porque era un deporte con el cual se podía llegar a todos los niños y jóvenes, independiente de su clase social. Sus primeros acercamientos fueron en el ex Físico de la Universidad de Chile, y en el Liceo N°23 de Renca, donde estaba el profesor Luis Osvaldo Cabrera.

 

Estos dos lugares se transformaron en sus principales centros de operaciones, sitios desde donde nacieron los primeros monitores, jugadores, árbitros y amantes del balonmano chileno. “Yo le preguntaba siempre, porque tanto con este deporte y los niños, y Pablo me respondía que la base de cualquier disciplina, y los movimientos naturales de los pequeños son correr, saltar y lanzar. Y de eso se trata el hándbol”, recuerda Hilda.

 

Durante los primeros años Pablo viajó bastante, enseñando el deporte en distintas ciudades del país, con el fin de capacitar y acercar el balonmano a los profesores de Educación Física. En una carta que escribió en 1973 a la Confederación Argentina de Handball (CAH), Botka dijo que “pienso, que este año traerá su fruto de mi labor del año pasado; instruí 900 profesores de educación física de escuelas básicas y medias, se formaron unos 32 clubes entre escolares, adultos y damas. Me permito ser optimista respecto al resultado de este año”[i].

 

Botka, para ese entonces, era presidente de la Asociación Nacional de Handball de Chile, la primera máxima institución del balonmano en el país, que cumplió las funciones de federación, y además es el Programador Nacional de Handball de la DIGEDER. Siguió apegado al deporte, que le entregó una segunda vida hasta finales de los ’80, época en la que comienza a desaparecer del mapa porque llegaron nuevas personas al ambiente nacional, lo que sumado a su edad, fueron fundamentales para su alejamiento paulatino. 

 

“El Gringo (como le decían a Botka), seguía como funcionario de la DIGEDER, pero en términos del handball se fue haciendo a un lado, hasta el punto de que al final nunca se vio. Muchas de las generaciones de los ’90 ni lo conocieron”, recuerda Hugo Valdebenito. El Sudamericano Cadete de 1999, que se jugó en el Colegio Alemán en Santiago, fue la última aparición pública del húngaro.

 

Jubiló con 89 o 90 años, no recuerda bien su esposa, porque a pesar de su alejamiento del balonmano él siguió trabajando para la DIGEDER hasta esa edad. Finalmente Pablo Botka Faludi falleció el 2002, a los 92 años de edad. “Al año siguiente que murió, le hicieron un homenaje en Viña del Mar, donde asistí con mis dos hijas y mis nietos. Me entregaron un presente, pero le escribieron el apellido con v corta. Así que ahí está guardado. No tuvo muchos reconocimientos en vida, sobre todo para lo que hizo. Uno no vive de eso, pero es importante que reconozcan tu labor, más cuando se hace con pasión”.

 

 

[i] Carta otorgada por el periodista argentino, Juan Carlos Rennis, autor del libro “De Mano en Mano” sobre la historia del balonmano trasandino. 

ARCHIVO NACIONAL 

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