RODRIGO BOWN

Cree fielmente en la pasión, en la emoción, y en las relaciones humanas que traspasan la 40x20, como motor del ansiado desarrollo del balonmano nacional. Sigue siendo jugador y sigue siendo entrenador, pero en otros niveles. Por muchos años vivió conectado las 24 horas del día, al deporte que conoció cuando era niño, en Valparaíso. Fue el técnico que tuvo el privilegio de viajar con la primera selección chilena mundialista, y fue el jugador que inauguró la entrega de los cóndores en Chile. Con ustedes, Rodrigo Bown. 

 

Fotografía de F Revista 

a pregunta necesaria, ¿cómo empezó tu historia con el handball? Comencé en 8° básico, en Valparaíso. Era bueno para el basquetbol, y el fútbol, pero un día en el colegio, me avisaron que en el Liceo Grecia iban a implementar una escuela de deportes, en el cerro O’Higgins. Así conocí el balonmano, con el profesor Enrique Ramírez. Después, en 1°medio me cambié al colegio Winterhill, donde también jugué, incluso en los recreos. El profesor era Lucho Martínez. Cuando ya iba en 2° medio empecé a jugar torneos con equipos universitarios.

¿Cómo siguió tu carrera de jugador? Cuando salí del colegio me tomé un año sabático, hasta que decidí irme a Santiago para estudiar Ed. Física (19 años, 1989).  La liga era mucho más competitiva, así que inmediatamente me puse a buscar equipo, y llegué a Colegio De La Salle. Hoy mucho se habla de Hugo Valdebenito, pero a mí me enseñó mucho, sobre todo porque me transmitío pasión. A pesar de tener familia e hijos, él siempre estaba presente en el equipo, en todos los sentidos. 

 

Algún buen torneo que recuerdes de los '90, en Chile. Uno de los mejores sin duda, fue el torneo Nacional adulto de Punta Arenas  de 1991. El Liceo de Hombres, de Emil Feuchtmann padre, tenía un tremendo equipo, con jugadores buenos, y muy fuertes. Ganamos la final muy apretados, por un gol. Fue un gran torneo, con mucha gente en el gimnasio siempre, porque en esa época el balonmano movía mucha gente en Punta Arenas. 

 

En 1993 recibiste el Cóndor del Círculo de Periodistas Deportivos, ¿en qué etapa estabas como jugador? Los recuerdos que tengo de cuando era joven son increíbles. Me preocupada mucho de ser el mejor. Me levantaba temprano, entrenaba solo, hacía pesas, ejercicios para mejorar mi salto, mis lanzamientos. En ese año pocas personas entrenaban de esa forma. Estaba en unos de mis mejores momentos, tenía 23 años. 

 

¿Nunca pensaste en irte a jugar fuera? Si lo pensé, pero en esos tiempos no había opciones. No sabía con quién hablar. Íbamos a los torneos, y nosotros teníamos que pagarnos todo, entonces si yo me quería ir tenía que tener plata, y no la tenía. Era muy difícil. Yo creo que por condiciones podría haberme ido. 

 

El balonmano por muchos años fue tu vida. ¿Cómo eran esos días de locura balonmabística? La pasión siempre está, pero mi vida cambió 100%. Yo viví mucho tiempo solo, y dediqué varios años de mi vida a este deporte. Desde 1995 mas menos, que comencé aprender el balonmano, desde el alto rendimiento, como técnico. Yo era de los que miraba entrenamientos, me dedicaba a ver todos los partidos en los torneos. En el año 2000 me dieron una categoría en la selección, los cadetes masculinos, y ahí fue cuando realmente comencé a trabajar como entrenador obsesionadamente.

 

¿Sientes que te quedó algo pendiente como entrenador de selecciones? Pienso que sí. Cuando trabajaba como seleccionador yo tenía dos ideas, o sueños. Uno, era viajar de Arica a Punta Arenas para establecer una metodología de trabajo común para el desarrollo del balonmano en todas sus categorías. Y el otro, era estar un año en España trabajando en un club, conociendo sus metodologías, para así después volver a Chile a entregar todo lo aprendido. 

 

Fuiste como entrenador de la primera selección chilena de balonmano mundialista. ¿Cómo fue esa experiencia? Yo no pensaba ir a ese Mundial júnior (2005, Hungría). Ahí en el fondo yo llegué por una coyuntura, porque en el Panamericano donde ganaron la clasificación hubo un problema, y echaron al técnico. Yo había trabajado con ellos desde cadetes. Fue un proceso hecho con cariño, con vínculos emocionales que trascendieron lo deportivo.  Fui yo como entrenador, y solo con dirigente, con nadie más.  

 

¿Cómo definirías el estado actual del balonmano chileno? Indudablemente hemos evolucionado de lo que éramos antes, pero aún somos un país que está en pañales, en promoción, publicidad, conocimiento, instituciones, profesores, colegios. A mi juicio hay que empezar a distribuir los recursos, para que en un plazo de 2 o 3 años tengamos metodologías a nivel país. Si no trabajamos, nunca tendremos generaciones tan representativas como la de ahora. Difícilmente tendremos a un Emil, un Pato, un Marco, jugadores que tengan ese nivel de convicción para irse afuera. Porque todos los que se fueron a Europa no se fueron por la Federación, sino porque tuvieron profesores o técnicos apasionados que les inculcaron el amor y la determinación por este deporte. Lo que no se tiene que perder en el futuro, son esas personas que están locas por el balonmano, esos son los imprescindibles para seguir evolucionando.  

Entrevista 

Llámanos por Feuchtmann HC

T: +56 985018318

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