NANI MUSALEM 

Luego de una década jugando por Chile, la central de la selección femenina adulta oficializó su retiro de las canchas en Toronto. Nani, como se le ha conocido desde siempre, consiguió -y a pesar de su edad- llegar a uno de los grandes clubes de Europa, e incluso se consagró como la primera chilena en jugar la afamada Champions League. Nani nos cuenta sobre cómo comenzó su enamoramiento por el balonmano, sus años en Austria, su camino con la selección nacional. y como ve el ambiente del balonmano chileno, tras estar casi tres meses en el país, preparándo los que fueron sus dos últimos campeonatos con la camiseta nacional. 

 

 

 

Fotografia de Pamela Filippi 

ómo han sido estos primeros meses lejos de la cancha? ¿Qué es lo que más extrañas? La verdad es que extraño estar haciendo deporte, esa sensación de estar en movimiento, activa. Extraño la rutina de entrenar todos los días. En este tiempo también me he dado cuenta que para mí, por iniciativa propia, es muy díficil hacer deporte y mantenerme en forma. Eso me preocupa un poco, debo confesar. Balonmanísticamente extraño la pelota, la sensación de meterme a la cancha, para seguir aprendiendo y mejorando. La amistad que se genera jugando, también la echo de menos, porque al final pasas muchas horas con las mismas personas, y eso es difícil de olvidar. 

Por qué tomaste la decisión ahora, cuando estabas encontrando tu espacio en el Hypo, jugando Champions League. Siempre tuve la meta de jugar Champions. Fue díficil y sacrificado, pero después de años lo conseguí. Entonces, cuando uno va consiguiendo sus objetivos, naturalmente te vas planteando otros. Hoy mis metas cambiaron, porque cambiaron mis prioridades. Sé que podría haber jugado 4 años más, tal vez con el fin de consagrarme bien en un equipo, pero el deporte requiere de mucho sacrificio, significa entrenar de lunes a domingo, y dejar muchas cosas de lado. Ahora quiero formar una familia, y apoyar a mi esposo. Básicamente mi decisión la tomé por un cambio de prioridades. Él (Poche, su esposo) me apoyó para que yo me desarrollara al máximo como jugadora, y ahora yo decidí apoyarlo a él. Además, al final se alinearon muchos factores, que hicieron que la decisión no fuera tan compleja, Igual, no puedo negar que extraño el balonmano. 

Y hablando de duras decisiones, otra compleja fue la de convertirte en jugadora profesional a los 27 años, ¿cómo fue eso? Si yo hubiera sido sincera conmigo, al salir del colegio me debería haber ido a jugar a algún lugar, para seguir aprendiendo y formándome. Desde que era chica, lo único que quería era jugar balonmano. Pasaron los años, y mi sueño lo fui dejando de lado, en eso entre a la universidad, y después me puse a trabajar. Pero a los 27 años me tocó conocer más de cerca a mi marido, y conversando con él me di cuenta que tenía una espina clavada. Así que Poche me envalentonó a intentarlo, a entrenar con su cuñada (Ale do Nascimento), a probar suerte, para por lo menos tratar de cumplir el sueño que siempre había tenido. Mis papás me apoyaron, pero todos en el fondo sabíamos que era difícil. Al final, mi experiencia me desmuestró que, aunque suene "cliché", uno tiene que seguir sus sueños. Porque en la medida que uno los siga, y trabaje por ellos, es la única manera de acercarse a la felicidad. Por eso, doy gracias de haber conocido a mi marido, que al final me ayudó a tomar la decisión de ir por lo que yo realmente soñaba, desde siempre. 

 

Fotografía de página Hypo 

Llegaste a Austria sin club, pero con la intención de quedarte. ¿Qué fue lo más duro que viviste en estos casi 5 años de profesionalismo? Definitivamente fue cuando llegué en enero del 2010, a la casa de Ale do Nascimento y Pato Martínez. Inmediatamente comencé a entrenar con el Hypo, que en ese entonces tenía un equipo de primer nivel, o sea la central era la coreana Oh, para mí, una de las mejores jugadoras del mundo. Ahí llegué yo, directamente desde Chile. Rápidamente me di cuenta que lo que yo "jugaba" no era balonmano. Estaba muy verde, y con 27 años. Darte cuenta de eso, es realmente durísimo, porque yo nunca imaginé que podía ser tan grande la diferencia. Eso, sumado a la poca personalidad que tenía, tampoco me ayudó en un comienzo. Entonces, lo que me quedaba simplemente era trabajar. Además de los entenamientos con el Hypo, el Pato y mi marido me ayudaban con prácticas extra. Había días que entrenábamos hasta 6 horas. No niego, sufrí mucho porque la verdad es que me di cuenta que tenía muchas limitaciones, y no solo en el balonmano, sino que también en mi actitud. Estuvimos en esa dinámica por 6 meses, lo que también incluyó una dieta especial y todo. Fueron momentos bastante frustrantes en el comienzo, pero la verdad es que todo lo satisfactorio que vino después, no habría posible sin ese camino. 

¿Y que fue lo más satisfactorio de todos tus años en Austria? Sin duda, el haber logrado jugar Champions League con el Hypo. Si bien la temporada que estuve (2014-2015), el equipo no tenía el mismo nivel que años anteriores, el profesionalismo del club se mantenía intacto, por algo jugamos en la mejor competencia europea. Estar en todos los partidos de Champions, haber metido goles, para mí fue simplemente lo máximo. Todavía me acuerdo el primer partido contra el Krim en Eslovenia, llegar a la cancha con esos miles de asientos, las banderas colgadas, con esos detalles me di cuenta que mi sueño se había hecho realidad. Cada vez que teníamos partidos de Champions, me emocionaba muchísimo, hasta me daban ganas de llorar. No jugué muchos minutos, pero estoy agradecida porque el entrenador siempre me puso, y yo me entregué por completo. Eso al final, es lo más gratificante. 

 

Nos saltamos una parte importante de tu historia, ¿cómo empezó tu relación con el balonmano? Empecé en mi colegio, The Mayflower School, cuando tenía alrededor de 9 años. La primera vez que conoci el deporte fue en 4to básico, pero en 5to es cuando conocí a mi verdadera profesora, entrenadora y mentora, Pamela Borquéz, que a día de hoy es una gran amiga. Ella logró formar un grupo muy unido, donde todas seguimos hasta más menos 3medio Medio, que es cuando ella se fue del colegio. Pero yo seguí jugando con Pamela, por las Monjas Inglesas, y luego cuando entré a la Universidad Católica a estudiar. Mi colegio no era muy grande, y yo durante esos años también jugaba voleibol, pero la verdad es que me gustaba mucho más el balonamno, ir los fines de semana a jugar a la Cordep, estar con mis amigas. Lo mejor de esa época fue cuando logré cumplir mi sueño de jugar con la Pamela en el mismo equipo. Para mí eso fue lo máximo, porque ella era la gran motivación que yo tenía de seguir en el balonmano. 

 

 

 

Fotografia de PlayHandball 

Jugaste tu primer torneo con la selección en 1998, ¿qué recuerdos tienes de ese primer momento, y cómo definirías tu década con la camiseta naciona? Si, ese fue el Sudamericano Escolar de Temuco. Es el campeonato que más me marcó, y de forma positiva. Fue la primera vez que a varias de las que fuimos, nos convocaron a una selección, donde Olga Bascoli y Pamela Borquéz fueron las entrenadoras. Eso de estar todas en un hotel, concentradas, compartiendo con otros seleccionados, vestir la camiseta de tu país, todas esas cosas me marcaron mucho. También en ese torneo se formaron mis primeras amistades, y eso para mi es invaluable. Ahora, los Odesur del 2014 también fueron especiales, porque a pesar de ganar solo un partido, se generó una onda muy buena en el equipo, la que finalmente nos llevó a salir de una situación difícil para conseguir el objetivo. La medalla que ganamos fue la ejemplificación pura del esfuerzo, y una gratificación total. 

Ahora, de mis años con la selección lo que más rescato es la amistad que tengo con Inga Feuchtmann. Sé que es algo muy personal, pero los resultados que tuvimos, los procesos mal hechos, los entrenadores que no duraron mucho, me dejan con una sensación de que faltó algo. Igual, yo fui al Mundial de China (2009), pero no fui parte de la clasificación porque me había alejado del balonmano. Son muchos los factores que hacen que mi historia con la selección no sea lo "máximo". Además, en Toronto no pude cerrar el ciclo de manera positiva, entonces tampoco terminé con buenas sensaciones. Ahora si lo pienso, tampoco puedo pedir más, tal vez fue mi error el nunca plantearme un objetivo claro con la selección. Puedo decir que tengo sentimientos encontrados, pero para mí siempre fue un orgullo vestir la camiseta de mi país. 

 

En Toronto salieron últimas, y no se logró igualar o mejorar el 5°Lugar de Guadalajara. En el Panamericano de Cuba también se obtuvo un 9°Lugar, perdiendo con Uruguay y México en la primera fase. ¿Por qué crees tú, se dieron estos resultados? A ver, si se analiza con profundidad hay una serie de cosas que influyeron en estos malos resultados, y que hacen que hoy estemos donde estemos, como balonmano femenino. Poca competitividad, procesos cortos, las pocas jugadoras que vienen desde abajo, las condiciones que tienen actualmente las selecciones. Personalmente asumo mi responsabilidad, porque no estuve al 100% en ambos torneos, y me imagino que mis demás compañeras también. Por otra parte, la dirección técnica, desde mi punto de vista, falló en la toma de decisiones al momento de plantear tácticamente los partidos. Nunca fuimos capaces realmente de fluir dentro de la cancha, tuvimos pocos de lucidez, y menos de entrega absoluta y amor por el balonmano. Nos faltó alegría, como equipo, desde jugadoras a cuerpo técnico. Tengo rabia, y pena de irme así. Pero también tenemos lo que merecemos porque realmente no sabemos que se está haciendo en Chile, entrenamos por entrenar, las selecciones funcionamos porque sí, sin ningún tipo de perspectiva e idea concreta. 

 

Ahondando un poco más en la situación nacional, cómo ves el balonmano femenino y el ambiente en general. Es un hecho que las mujeres estamos un paso más atrás que los hombres, y eso es triste. Da pena ver la situación, porque yo sé que hay muchas jugadores, entrenadores, profesores, papás, e incluso algunos dirigentes, que se esfuerzan en hacer cosas, y bien. Pero eso no es suficiente. Hay que dejar de pensar, "bueno, por lo menos hacemos algo", porque eso al final no nos ha llevado a nada. Hay demasiadas peleas y conformismo, y no existe un proyecto a largo plazo, con ideas claras en cuanto a la formación de jugadores, trabajo en los colegios, una escuela de entrenadores, entre muchas otras cosas. Se logran clasificaciones a mundiales, algunos buenos resultados, pero no son fruto de un proceso donde realmente se sepa lo que se está haciendo. Nunca se ha hecho, y nunca se hará porque hay ´pocas personas con conocimientos y experiencia, a cargo de la dirigencia. Sé que tienen las mejores de las intenciones, pero por ejemplo, no hubo quorum en el primer llamado de las votaciones a la federación. ¿Qué significa eso? Deja en evidencia que a nadie le importa, y que hay desanimo generalizado. Algo esta mal. Para que esto llegue a ser diferente algún día, el balonmano chileno tiene que trabajar con una mentalidad profesional, que básicamente se traduce en querer hacer las cosas siempre bien, nunca a medias. 

Por ultimo me gustaria darle infinitas gracias a mi esposo Poche, a Pato y a la su mujer Ale, por enseñarme a soñar en grande.

Entrevista 

Llámanos por Feuchtmann HC

T: +56 985018318

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