II PARTE: AUNQUE SUENE IGUAL, NO ES LA MISMA HISTORIA 

Lo que comenzó como un tímido proyecto de DIGEDER para dar a conocer un nuevo “deporte” en los ’70, con el paso de los años se fue transformando en lo que es hoy. Una disciplina que en Chile tiene cada vez más seguidores, adeptos, personas con ganas de practicar, jugar, competir. Pero, ¿qué ha pasado en los escritorios? ¿Qué ha pasado en las dirigencias durante estas casi 5 décadas? Acá les seguimos contando más historias, porque esto les parecerá un déjà vu, y bueno, así lo es. 

 

 

Balonmano en los '80 en Punta Arenas / Archivo personal Feuchtmann 

Capitulo segundo: no es fácil seguir explicando el cómo fue tomando forma este deporte, desde las oficinas. Porque una cosa es poder escribir acerca de las selecciones, de triunfos, derrotas, equipos, y otra muy distinta es tratar de describir lo que han sido todas estas décadas de las federaciones. Si, y en plural. Aunque parezca raro, la máxima institución del balonmano chileno ha mutado varias veces de nombre, con el fin de sanar problemas. Borrones y cuentas nuevas que han hecho que el balonmano no tenga una fecha “fundacional”, por ejemplo. Puede sonar muy simple, pero al final, este tipo de detalles repercute. Pero a pesar de esto, el handball ha sabido salir adelante gracias a la cancha, y claro, a los personajes que han rondado por ellas. 

 

Así pasó por lo menos en los ’80, cuando se produjo la primera transformación de nombre del balonmano chileno. La justificación de ese entonces fue la evolución natural del deporte. Porque gracias al nuevo seudónimo de Federación de Hándbol de Chile el país logró ingresar al selecto grupo de naciones afiliadas a International Handball Federation (conocida como IHF). También se participó en los primeros torneos internacionales de selecciones, y de alguna forma, internamente se fue organizando todo un poco mejor. Pero la armonía no fue eterna. La institución que dirigía Pablo Botka recibió una notificación de la IHF, que decía que Chile estaba “vetado internacionalmente” porque no había pagado sus cuotas. Al final, lo que pasó es que esta deuda produjo que el balonmano nacional estuviera una larga temporada ausente de torneos y actividades en el exterior.

Ahora, en lo más íntimo de su desarrollo, el balonmano nacional siguió su camino en las canchas, sin grandes fragmentaciones. Las universidades fueron el gran semillero de jugadores, que muy prontamente comenzaron una cruzada por compartir la palabra del balonmano por cada colegio o escuela donde trabajaran (los que eran profesores de Educación Física, claro está). Pero aparte de esto, varios colegios fueron tomando fuerza, y entre ellos estaba el De La Salle de La Reina, desde donde nace la figura de Héctor Fernández Bogdanic (actual Secretario General de la Panamericana).

 

El Congreso de Barcelona 1992

 

A finales de los ’80 Héctor Fernández era un padre bastante involucrado en el balonmano, gracias a que sus hijos jugaban por el equipo de su colegio. Es así, como en uno de los viajes que realizaron a Mendoza, Fernández se enteró del problema que tenía la federación chilena con la IHF. Cuando llegaron al país, se puso en contacto con una persona que conocía en Cuba gracias a sus negocios, para asesorarse y encontrar más información sobre el tema que aquejaba a Chile. Luego de varias conversaciones Fernández descubrió que la solución del balonmano nacional pasaba (nuevamente) por un cambio de nombre de la institución para así re-hacer el historial chileno. El plan sonaba más menos simple, por lo que Fernández decidió hacerse cargo.

 

 

Porque gracias al nuevo seudónimo de Federación de Hándbol de Chile, el país logró ingrsar al selecto grupo de naciones afiliadas a la IHF...

Lo primero que había que hacer, era demostrar a las autoridades nacionales que la actual federación no podía seguir en pie porque tenía una deuda con la IHF. Pero el segundo paso, era el más complicado. Y es que Fernández tenía que ir al Congreso de la federación internacional, que se iba a realizar en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, en España, para convencer a los demás países de la federación internacional, que Chile tenía que ser reintegrado. Fernández había logrado reunir todos los papeles y firmas, que acreditaban que el Comité Olímpico de Chile y DIGEDER (máxima autoridad deportiva de ese entonces) aceptaban a esta “nueva” federación como la oficial, pero una semana antes del viaje supo que no podía ir. Es así, como en su lugar tuvo que ir su hijo Héctor (quien en ese entonces tenía alrededor de 20 años). Él finalmente fue el encargado de exponer frente a los presidente de las IHF, el caso de Chile, para así conseguir que Chile nuevamente fuera país IHF con todas las de la ley. Con el discurso hecho, a pesar de los nervios, y los papeles presentados, finalmente el Congreso reintegrar a Chile a la máxima institución internacional. 

Federación Chilena de Handball, así se llamó la nueva federación que se fundó el 16 de marzo de 1992. Héctor Fernández fue el primer presidente de este ciclo, uno que lideró hasta finales de los ’90, y con el que Chile paulatinamente fue volviendo al mundo “exterior”. Durante los primeros años el país participó en Sudamericanos de varias categorías, e incluso organizó torneos internacionales (en Santiago). Durante los ’90 se incorporaron los primeros técnicos extranjeros a dirigir selecciones nacionales, y a nivel nacional se trató de mantener una competencia escolar regular (y con auspicios), por lo menos en la capital. La segunda nueva vida del balonmano también trajo consigo el alejamiento de Pablo Botka (piedra angular del deporte en el país). Su última aparición pública, y más recordada, fue en el Sudamericano Cadete de 1999, que se jugó en el Colegio Alemán de Santiago. Pero a pesar de esto, y de muchas otras cosas, la historia continuó y la estabilidad arraigada a la cierta familiaridad que existía en el balonmano nacional noventero no fue eterna. La federación (nuevamente) tuvo que cambiar papeles y firmar, para re-fundarse. Esto sigue...

Fuente: Tesis "La Historia del Balonmano en Chile" de Inga Feuchtmann. 

ARCHIVO NACIONAL 

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