HEGEMONIA FRANCESA

Después de haber ganado su quinto título Mundial en Catar (febrero 2015) con los « Experts » de Nikola Karabatic, Francia logró todos los campeonatos este año (U19, U21) con sus selecciones masculinas. ¿Cómo se explica este asombroso éxito? ¿Cuáles son los secretos del balonmano galo?

 

Archivo web   

Fotografía de LE PETIT CHAMAN

Francia agigantó su leyenda este verano después de ganar los dos campeonatos U19 y U21, con sus selecciones masculinas. Una de las curiosidades, es que en el equipo de lo más jóvenes está Melvyn Richardson, hijo del mago Jackson Richardson, selección que ahora también domina el mundo. Antes fueron únicamente los Karabatic, Guigou y Omeyer que aplastaban todo. Pero los tiempos están cambiando. Francia se está beneficiando producto de un trabajo de largo plazo, a través de todo el territorio francés, y que incluye específicamente a los más jóvenes.  

 

El secreto del triunfo francés está en su sistema de formación, uno de los más fuertes y elaborados en Europa. Existen estructuras adecuadas en todos los niveles, y en todas las regiones del país. Así, un joven deportista que quiere mejorarse en el balonmano va a empezar con una selección de los mejores de su departamento, y después pasará a una liga regional, antes de irse a una estructura más desarrollada, cuyo nombre es « pôle espoir ». Al final, los mejores van a las estructuras de formación de los clubes de primera división de Francia. Montpellier es un ejemplo, que intentan seguir todos en Francia. El club que ganó la Champions League en 2003 fue el origen de la carrera de los Karabatic, Guigou, Accambray y Grébille. El trabajo del Montpellier no hubiera sido tan valorado, sin las estructuras que les permitieron a los jugadores, mejorarse antes del nivel técnico.

 

Las personas que detectan a los mejores jóvenes en los colegios o institutos trabajan, en la mayoría de los casos, para el Ministerio de los Deportes francés. Esto significa que es todo un país, el que invierte en la formación, aunque representa bastante dinero en un contexto económico difícil en Europa. Muchos equipos de la primera liga francesa (LNH) permiten también a los jóvenes de 20-22 años descubrir el alto nivel, aunque no han terminado su formación. Con los mejores extranjeros que firman en clubes franceses (Mikkel Hansen, Alberto Entrerrios, por ejemplo), pueden aprender en solo algunos meses, lo que hubieran tardado más años.

 

La estructura de formación francesa no existe en otros países europeos. Por ejemplo, en Alemania están divididas en cada región sin una unidad a nivel global. En Hungría, todo está centralizado en un centro nacional, sin presencia en los territorios más alejados de la capital. La federación francesa quiere fortalecer aún más su modelo. Por eso, desde hace cuatro años ha invertido recursos adicionales para crear un programa personalizado e individualizado, necesario para la « super elite », o sea, los más fuertes.  Eso permite a éstos futuros campeones no irse a un club profesional cuando están chicos. Se quedan en un ámbito conocido, cerca de su familia. Aquí también está el secreto del triunfo francés.

 

Los dirigentes de la federación decidieron hace algún tiempo votar las barreras entre los diferentes selecciones masculinas, lo que había sido un problema en la evolución de jugadores, en las décadas pasadas. Los entrenadores de las selecciones interactúan mucho más entre ellos. Un hombre simboliza el dialogo entre las selecciones: Didier Dinart. Después de su carrera de deportista, integró el staff técnico de Claude Onesta para trabajar en la defensa con los Experts.

 

Pero su proyecto se declinó después con las otras selecciones de jóvenes, lo que permite a todo un país tener los mismos sistemas de juego. Así, cuando un joven descubre la selección mayor, ya sabe como trabajar y como jugar. Permite a todos ganar tiempo y eficiencia. Daouda Karaboué, el ex portero de los Experts, ahora es miembro del staff de la selección de jóvenes, y de la estructura de formación de Aix-en-Provence, un equipo de primera liga. Transmite su experiencia, lo que es fundamental cuando un jugador ha ganado todo al más alto nivel.

 

Francia tiene suerte porque descubre ahora una generación de jóvenes que tiene capacidades físicas y técnicas excepcionales. Los nacidos en 1996-1997 pueden soñar con un futuro dorado si persiguen su trabajo.  Ganaron en dos años el Mundial y el campeonato europeo, incluso sin su mejor portero en el último torneo. El futuro del balonmano internacional se llama Fabragas, Lenne, Mem y Richardson.  Todos tienen como ejemplo los «Experts» de Claude Onesta. En algunos años -quizás algunos meses- muchos se convertirán en los nuevos dueños de la casa francesa, escribiendo su propia historia con letras doradas.

 

 

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