EL PROFESOR CESPEDES

Si el arbitraje chileno tuviera una cara tendría la de Javier Cerón. Porque pasan las generaciones, y él sigue firme como una estatua, adherido al oficio de su vida. En 1973 conoció el balonmano, y desde ahí su relación con el deporte ha resistido infinitas anécdotas e historias. Comenzó como jugador de campo, pero luego se convirtió en portero de la Universidad de Chile y de la selección chilena, con la que ganó la primera medalla del balonmano en un torneo internacional, allá por 1983. Pero un par de años antes de la histórica gesta, en el Panamericano de Luna Park de 1981, Javier Cerón  ya se había dado cuenta que el arbitraje iba a ser lo suyo, casí como un mandato de por vida. 

 

 

 

ómo fue su primer contacto con el balonmano? En el año 1973, en mi colegio el Instituto Zambrano llegó don Pablo Botka, precursor del hándbol en nuestro país, como parte de un programa deportivo de la Dirección General de Deportes para algunos establecimientos educacionales pilotos, y se nos presentó esta nueva disciplina deportiva. Don Pablo junto a un grupo de jóvenes monitores, entre los cuales estaba Hugo Valdebenito e Iván Bravo seleccionó a un grupo de estudiantes para iniciar el período formativo, y yo fui uno de los escogidos. Así me inicié como jugador de campo.

Fotografia de Javier Ceron

Y después, cómo siguió su carrera con el balonmano Posteriormente en el año 1974 ingresé a la Universidad de Chile, y nuevamente me encontré con Pablo Botka como profesor adjunto de la asignatura de hándbol. En ese tiempo también llegó un profesor especialista en el deporte, que estaba regresando de una beca en Berlín, Alemania. El era don Sergio Carrasco, quién al final se convirtió en mi forjador y entrenador por más de 15 años. Él, que fue conociendo mis características y cualidades físicas, me sugirió cambiar de función y me formó como portero, en colaboración con un jugador madrileño, y el apoyo de Hugo Valdebenito. Mi proceso como jugador también me llevó a integrar el seleccionado chileno por más de 12 años, algo que fue muy importante para mi. 

Teniendo en cuenta que el balonmano estaba en pleno proceso de desarrollo en los '70 y '80, ¿qué recuerdos tiene de esa época, como jugador? Uno de los gratos recuerdos fue nuestra primera participación en el Torneo ABC de Buenos Aires, en 1976. Hasta ahí no existían los sudamericanos o panamericanos, así que ese campeonato fue lo máximo para nosotros, que fuimos como selección chilena. Con 20 años yo era el segundo portero del equipo nacional. Aún recuerdo que a los 10 minutos iniciales, y con un marcador adverso de 6-1 contra el Club AFALP-Argentina comencé a construir mi propia historia en la porteria chilena. Después vinieron los torneos panamericanos y sudamericanos, y nuestro mayor logró, que fue cuando conseguimos el bronce en el Sudamericano de Buenos Aires, en 1983. Esa fue la primera medalla de una selección nacional, inolvidable. Con mi club Universidad de Chile, lo más grato y memorable fue ser Campeón Nacional por 9 años consecutivos.

 

 

Fotografía de Javier Cerón. Él está al lado del entrenador, segundo arriba a la izquierda. Equipo Universidad de Chile 1981. 

¿Cuándo tomó la decisión de ser árbitro definitivamente? Mis primeros pasos en el arbitraje de balonmano, la verdad que respondieron a una necesidad de la época inicial de desarrollo deportivo nacional. En esos tiempos, los entrenadores y jugadores cumplíamos también  la función de árbitro porque no había suficientes personas en el hándbol. Recuerdo haber arbitrado ya en 1976 en la competencia metropolitana de ASOHAS (Asociación de Hándbol de Santiago). Pero lo que verdaderamente me marcó fue lo que vivimos en el Panamericano de 1981, en el famoso Estadio Luna Park de Buenos Aires. Ahí tuvimos el privilegio de ser dirigidos por la famosa dupla suiza IHF (International Handball Federation) de Ischer y Rykart, que habían dirigido los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, Moscú 1980 y Los Ángeles 1984. La imagen de ellos fue importante para mi futuro arbitral.

 

Alguna anécdota de esos primeros años como árbitro. Varias, pero  acuerdo de mi primera experiencia internacional, que la verdad fue de casualidad. Con mi entrenador, Sergio Carrasco y mi compañero César Núñez estábamos de público en un torneo en Playa Ancha, en diciembre de 1981, cuando uno de los organizadores nos pide que dirijamos la final con Carrasco, entre Godoy Cruz y la selección de Valparaíso. En poco tiempo nos tuvimos que conseguir vestuario, y pasamos de público a ser parte protagonista del torneo. Esto marcó mis inicios como árbitro, y a Sergio Carrasco como mi iniciador en este oficio. 

 

Por lo que nos va contando había poca gente dedicada al arbitraje. Claro, al principio en los ’70 el arbitraje se nutría principalmente de los viajes al extranjero, porque en esos momentos era donde nosotros preguntábamos, observábamos, consultábamos y aprendíamos. También invitábamos a árbitros argentinos para intercambiar conocimientos, y tratábamos de dirigir en nuestras visitas que hacíamos a Mendoza y Buenos Aires. Después en los ’80 se empezaron a jugar los torneos sudamericanos, así que ahí aprovechamos a capacitarnos internacionalmente, nosotros, los mismos jugadores de la selección. Aunque era bastante informal todo César Muñoz, Américo Arroyuelo, Iván Bravo, Hugo Valdebenito, Marcos Molina, Mario Cid, Daniel Fuentes, Mauricio Malschasky, Pedro Bustos, yo, entre otros, logramos aprender más de reglas y todo. Así se fue formando el arbitrahe en un comienzo, por motivaciones personales. 

 

 

Y qué pasaba en regiones. Porque casi todos los jugadores de selección de esa época eran de Santiago. Básicamente en regiones fueron los mismos entrenadores los iniciadores del trabajo arbitral. Luego del histórico Sudamericano de 1983 se aprovecharon los torneos nacionales, de clubes y universitarios para entregar charlas técnicas, invitando a cada representativo a traer y nominar árbitros. También en los torneos de Playa Ancha, siempre se aprovechaba la venida de los réferis mendocinos para actualizar conocimientos. Cuando Chile ingresó al mundo olímpico en los ’90

En esos tiempos, los entrenadores y jugadores cumplíamos también la función de árbitro porque no había suficientes personas en el hándbol. 

se fueron asignando responsabilidades para atender a las regiones con mayor desarrollo del balonmano como Valparaíso, Santiago, Concepción y Temuco. Con esto se fueron conformando las primeras duplas a nivel nacional donde sobresalían Pablo Kattan-César Núñez, Raúl Flores-Javier Cerón, Felipe Quiroz-Rodrigo Pinto, Daniel Fuentes-Felipe Águila, Jorge Garrido-Andrés Jensen, Javier Cerón-Hugo Cañas, Joel González-José Nayar.

 

Fotografia de Javier Cerón. Junto a Hugo Cañas, su pareja arbitral.  

En los ’90 se comenzó a ordenar todo nuevamente, con la llegada de la nueva federación. Cómo

influyó eso en el arbitraje. Hay que tener claro que los momentos destacados del arbitraje chileno se

han dado como consecuencia de las tendencias, y la evolución del nuestro deporte en el nivel

internacional. Por ejemplo, cuando en los ’90 la federación se insertó en el Comité Olímpico se logró

un gran paso porque los árbitros pasamos a integrarnos en el nivel sudamericano, participamos en

capacitaciones internacionales, y esto al final denotó en un buen momento a finales de los ’90 e

inicios del siglo XXI. Logramos que una dupla accediera al nivel IHF (Rodrigo Pinto y Rodrigo Ortiz),

y aparecieron Luis Aguilar y Gonzalo Pinto a nivel continental. De todas formas hay que decir que en

la medida que Chile clasificó a Mundiales, a partir del 2005, se produjo una especie de laguna en la

formación y capacitación arbitral. La federación en esa época no presentó ningún respaldo al área

arbitral. Los recursos adquiridos para nosotros fueron desviados oscuramente a otros destinos,

y la dirigencia no desarrolló gestión a nivel internacional. El 2007 se intentó reparar un poco la situación,

pero nuevamente hubo cambios de dirigencia y todo volvió a caer a un precipicio.

 

Después de esos años de olvido, cómo se está reconstruyendo todo el tema arbitral. Recientemente,

en parte por los mismos árbitros, a partir del 2013 se lograron recursos indirectos para mejorar el proceso

de los árbitros. Pero paralelamente se está presentando el fenómeno de que todos quieren jugar balonmano,

es el boom, en mi opinión. Pero claro, con esto aparece la crítica sobre la crítica. Por eso ahora se está

necesitando muchos “recursos humanos” porque estamos frente a gran cantidad de competencias, y todos

quieren ser dirigidos con el mejor nivel. Hoy en día el balonmano chileno está inserto en todas las competencias como los Juegos Escolares, Nacionales Universitarios, torneos federados, y por eso hay que multiplicarnos a lo largo del país. En cuanto a la representación internacional, actualmente tenemos 2 parejas. Una continental con Luis Aguilar y Gonzalo Pinto en el nivel 3, y la segunda pareja ubicada en el nivel 2 que corresponde a Marcelo Moraga y Matías Zavalla.

 

Entre tantas historias en más de 45 años relacionado al balonmano y al arbitraje. Cuál es su mayor anhelo para el oficio de su vida. Primero, creo que es importante consolidar y afiatar el trabajo de los integrantes de la Comisión Nacional en sus distintas tareas y funciones, para esto se requieren recursos económicos, principalmente para la observación, evaluación y seguimiento de nuestros árbitros. Después, hay que seguir capacitado y potenciando la labor arbitral con exclusividad en el arbitraje. No más  árbitros-jugadores, esto significa estímulos-incentivos-valoración-pertenencia, para un mejor desempeño en nuestras ligas y competencias nacionales. Además, creo que otro punto importante, y olvidado es que hay que insertar en el nivel internacional duplas femeninas. Por último, un gran anhelo seria que una dupla arbitral chilena dirija un torneo Mundial.

 

De todas formas hay que decir que en la medida que Chile clasificó a Mundiales, a partir del 2005, se produjo una especie de laguna en la formación y capacitación arbitral. 

Entrevista 

Llámanos por Feuchtmann HC

T: +56 985018318

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