EL EGO 

 En la vorágine de la vida, de los entrenamientos, de los partidos, de las competencias, pocas veces tenemos tiempo de pararnos a pensar cómo somos, qué queremos, para dónde vamos.  Es importante saber qué queremos, porque ahí esta la clave para saber cómo podemos aportar a nuestro equipo, para lograr el éxito de todos.

Saber cómo dominar el ego, para formar parte de un equipo, es fundamental. Para tratar de explicar esto, partiremos con una definición acuñada por el austriaco Sigmund Freud, quien clasificó a una persona dentro de tres parámetros: el Yo (ego), el superyó y el ello.

 

Nombró al ego como la forma de cumplir de manera realista, los deseos y demandas del ello (parte primitiva e innata) en relación con el mundo exterior, considerando el superyó (o sea nuestra parte moral y racional que responde a las reglas de la sociedad). Es decir, que el ego se materializa entre la fusión de la esencia y la personalidad.

 

Haremos una analogía para comprender el funcionamiento del ser humano. Imagínense un carruaje tirado por caballos, donde además existe un cochero. El carruaje representa nuestro centro físico, los caballos nuestro centro emocional, y el cochero nuestro centro intelectual. Sin la existencia de un amo, que vendría siendo nuestra voluntad, cada uno de los centros sería independiente el uno del otro.

 

Los caballos, si tienen sed, se desviarían del camino llevándose consigo el carruaje, y el cochero deambularía sin rumbo. Es decir, estaríamos completamente a merced del azar. Es por esto que necesitamos de la existencia de un dueño interior, que tome las riendas de nuestra vida, y que dirija todos los centros hacia un objetivo claro y concreto. El viaje interior para conocernos, para observar qué cosas nos dominan, cuáles son nuestros miedos, cuáles son nuestras características, en qué somos únicos.

 

Porque el formar parte de un equipo, implica muchas cosas. Y dentro de este engranaje se necesitan muchas piezas. No todas son iguales, es más, no deben ser iguales. Pero la particularidad, radica en que la maquinaria depende de todas, y cada una de estas piezas.

 

Pero con el ser humano no todo en están sencillo, porque muchas veces el ego intenta cubrir funciones que no le son propias de él. Algunos no hacen la labor que les corresponde, ya sea por falta de voluntad o porque no están preparados, y así se desorganiza la máquina. Como consecuencia viene el desorden, y el caos. 

 

Dentro del buen funcionamiento de un equipo, existen muchos factores externos. Puede ser nuestro entrenador, el rival que nos enfrentamos, el público, etc. Pero nosotros tenemos una elección, y esta es evolucionar. Porque a lo mejor no puedes cambiar a un equipo completo, pero puedes comenzar siendo positivo, apoyando a tus compañeros. Haz tu trabajo lo mejor posible. No te dejes dominar por tus emociones. Que el ego no perjudique a tu equipo. Siempre respeta al rival.

 

Estimados lectores, el acero se forja de diversas maneras, pero por encima de todo, debe estar la voluntad inoxidable y perenne, al paso del tiempo. Los invito a que esto forme parte de sus vidas, y en el camino del descubrimiento, también los invito a pagar el precio, el precio que tiene el acero. 

 

 

 

 

FORJANDO ACERO   

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