EL DESATASCADOR

DE LA ISLA 

Rolando Urios en sus años de jugador, fue uno de los mejores en su puesto, el pivot. El cubano-hispano aprendió y se curtió con el trabajo duro en la isla, pero en España alcanzó la máxima gloria deportiva, con la selección de ese país, y con el mítico Ciudad Real. Actualmente dedicado a la formación, Urios sigue respirando, viviendo y soñando balonamno. 

 

Fotografía de Reuters 

La incomprendida isla caribeña, desde los inicios de los Panamericanos masculinos de balonmano, dominó la escena continental. A partir de 1980 hasta 1998, Cuba ejerció un poder inigualable, logrando ocho oros consecutivos. En los Juegos Panamericanos de La Habana de 1991, Mar del Plata 1995 y Winnipeg 1998, también ganaron la máxima medalla. 

 

Esta escuela cubana sumó en el Mundial de Egipto de 1999, la mejor ubicación que un equipo americano tiene hasta la fecha, un octavo puesto. En ese mismo campeonato un cubano, Rolando Urios, fue el máximo goleador con 57 goles. Lo siguieron figuras de talla extraordinaria, de la época, como Rafa Guijosa (ESP), Stefan Lovgren (SUE), y su compañero Julio Fis (CUB).

 

Hasta ahí, la historia sobre Cuba era realmente asombrosa, e inexplicable en muchos sentidos. Porque con pocos recursos, y con una competición incipiente, en comparación a la europea, los caribeños estaban marcando pauta. Pero a finales de la década del '90 se produjo un éxodo masivo de importantes jugadores hacia el extranjero, lo que sometió a Cuba a una larga temporada de nula participación a nivel de selecciones. Entre los balonmanistas que migraron, estaba el pivot de Bayamo, Rolando Urios Fonseca (1971). 

 

Urios comenzó a jugar handball a los 9 años, cuando su primo lo invitó a conocer este deporte, que era bastante nuevo en la isla. Inmediatamente enganchó, y llegó a la Escuela de Iniciación Deportiva de su provincia. Por tres largos años su rutina fue entrenar, comer y estudiar. A los 14 años, se fue a otra escuela en La Habana, en donde captaban talentos. Se llamaba Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético, institución que se encargaba de nutrir de deportistas, a las selecciones cubanas.

 

Los entrenamientos eran duros, muy físicos. Nos concentrábamos en Cerro Pelado, y entrenábamos mañana y tarde. Yo me levantaba todos los días a las seis o siete de la mañana, y no volvía a  mi casa hasta las ocho o nueve de la noche. Comía y directo a la cama. En mi época éramos unos  animales, es cosa de ver a Julio Fis, que aún tiene un brazo de fisicoculturista”. Pesas, circuitos de velocidad, resistencia, cancha, los entrenamientos eran fuertísimos, como ellos mismos.

 

Y es así como Cuba, por esos años tenía una selección físicamente portentosa. Gracias a un convenio de Cuba con Hungría, Rolando llegó al Veszprém durante la temporada 1998-1999. No jugué mucho porque había dos cupos para extranjeros, y prefirieron a Carlos Pérez y a un portero eslovaco”. De todas formas se quedó, y pudo jugar algunos partidos de Liga y de Champions.

 

A la temporada siguiente se fue a Francia, al Ivry. Una experiencia increíble, que solo duró hasta las Juegos Olímpicos de Sídney, porque en ese minuto le comunicaron que el convenio de su país con Francia, había terminado. Tuvo que volver a la isla. Pasaron algunos meses, hasta que Julio Fis se contactó, para comentarle que Ciudad Real estaba interesado en él. 

 

Sin pensarlo, y tras sortear varios problemas, logró salir de Cuba. Llegó a Ciudad Real en abril del 2001. “Todo lo más grande lo conseguí en este club”.  Sumó unos 22 títulos entre Ligas, Supercopas, Copa del Rey, Copa Europa, entre otros. El 2004 se produjo otro vuelco en su vida, porque ese año le concedieron la nacionalidad española. Es así como a partir de ese minuto comenzó a vestir los colores de la tierra de su abuelo valenciano. 

 

No dudo en nacionalizarse porque al final lo sintió como una ventaja. Una que lo hizo tocar el cielo con el oro en el Mundial de Túnez 2005, y la plata en el Europeo de Suiza el 2006. El Licenciado de Deporte de la Universidad de La Habana se sigue dedicando al balonmano. Es entrenador, y le encantaría seguir creciendo con esta nueva profesión, en el deporte que es su vida. “Al comienzo nadie daba un duro por Talant, y mira donde está ahora. A mí me encantaría entrenar a un país como Chile”. 

 

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