LA EMPERATRIZ DEL

SIGLO XX

Cuando uno piensa en buenas jugadoras de balonmano, lo contemporáneo arrasa en la mente. Como si la memoria no permitiera profundizar más, es que los nombres escandinavos asumen un protagonismo muy superior.  Pero para romper estereotipos estuvo ella, la Mejor Jugadora del Siglo XX: Zinaida Turchyna. Determinante por donde se le mire, lideró a una generación de jugadoras que lo ganó todo entre los '70 y '80. La leyenda viva del balonmano femenino sigue conectada con el deporte que le dio reconocimiento, la inspiró a ser la mejor, y que además le entregó al gran amor de su vida. 

Zinaida en la cancha del club de toda su vida. Imagen del Spartak Kiev. 

Por F Revista * marzo 2018

“Inmediatamente pensé en Igor (su esposo y entrenador). Después de todo es su mérito, el de todo nuestro equipo, Spartacus. Y creo que muchas jugadoras podrían ser nombradas entre las mejores: Lyudmila Bebrus, Galya Zakharova, Natasha Timoshkina (…) Mi premio, mi título es el reconocimiento del balonmano ucraniano”. Esa fue la sincera declaración de la Mejor Jugadora del Siglo XX.  Potentes palabras que dan cuenta que ella fue parte de un equipo muy especial, uno que creyó en algo, y lo consiguió todo. Pero ella fue distinta. Porque aunque sus hazañas fueron hace décadas, el título que le otorgó la IHF nos puede ayudar a dimensionar el tipo de jugadora que fue en la cancha. Se dice que ella era resolutiva (por convicción), competitiva (por esencia) y luchadora (por su contexto). 

La historia de Zinaida Turchyna con el balonmano está plagada de buenos momentos, por eso es que a pesar de los años de su gloriosa vida como balonmanista, es que aún se conserva como la gran eminencia del deporte en su Ucrania natal. Premios, trofeos, reconocimientos, declaraciones de admiración, y hasta una película documental (To Win It All) resguardan lo que es hasta ahora, una de las más exitosas historias de balonmano y amor (ya se darán cuenta).  

Si, porque amor es lo que ella siente por el deporte que conoció a los 13 años, y que hasta el día de hoy (cuando tiene 71) la mantienen aferrada al club donde se formó, creció y llegó a ganar 20 Ligas Soviéticas (1969 a 1988), 13 Copas Soviéticas, 12 EHF Cup´s (entre 1970 y 1988), además de un sinnúmero de premios. Si hasta el Record Guinnes se hizo eco de esta increíble colección de trofeos. El mítico Spartak Kiev cosechó una fama por Zinaida, y ella se convirtió en una primera línea de clase y reconocimiento internacional, gracias al equipo nacional de la ex Unión Soviética.  Increíblemente esas fueron las dos únicas camisetas que vistió en su vida deportiva. 

 

Desde el 1965 hasta 1988 con la selección soviética ganó, en las grandes citas planetarias, medallas de todos los colores. En mundiales alcanzaron: oro en Hungría 1982 y Holanda 1986, plata en Unión Soviética 1975 y Checoeslovaquia 1978, y bronce en Yugoeslavia 1973. En los Juegos Olímpicos aumentó su legado con los oros en Montreal 1976 y Moscú 1980, además del bronce en Seúl 1988. Tras estos increíbles logros Zinaida sumó más de 500 internacionalidades con una generación que sin duda fue real merecedora de todos los apelativos que se les crearon. Esta gran camada de la ex Unión Sovíetica estuvo liderada por Igor Turchin (noviembre, 1936), quien durante las décadas de además de ser el seleccionador era el entrenador del Spartak Kiev. ¿La clave del éxito? Gran responsabilidad tuvo él.

Turchyna jugando por su selección en los ´80. Imagen del Spartak Kiev. 

De dónde salió Zinaida Stolitenko

Zinaida nació el 17 de mayo de 1946, en Kiev, Ucrania. Empezó con el balonmano, por un entrenador que tomó el deporte porque no tenía otra opción, Igor Turchin. Pero su implicancia con el proyecto fue tan devota que al final, él consiguió números que hasta el día de hoy son difíciles de igualar para cualquiera de los grandes nombres de los banquillos mundiales. Sus inicios no fueron fáciles porque pocos conocían de que se trataba el handball en esa parte de la ex-yugoeslavia. No había canchas, ni balones, ni menos jugadoras. Por eso, lo primero que hizo el novato Turchin fue ir escuela por escuela coleccionando diamantes.

En ese peregrinaje descubrió a Zinaida Stolitenko, una espigada niña de 13 años, que nunca había escuchado ni visto handball, y que ni en sus más sinceros pensamientos imaginó convertirse en estandarte del balonmano a nivel Mundial. "De nuestra escuela solo dos personas se unieron al grupo, Gayla Zakharova y yo. La capacitación para el deporte se llevó a cabo en gimnasios escolares comunes. La sala tenía 18 por 9 metros, ni cercana a los 40 por 20 oficiales. Nuestro entrenador logró salir de tan difíciles situaciones como esta con mucho honor", cuenta la propia Zinaida en sus múltiples entrevistas.

 

En 1959, y tras muchas horas de incesantes entrenamientos, Igor Turchin logró ensamblar las piezas, y formó un equipo de jóvenes promesas, que en 1962 serían la piedra angular del recientemente inaugurado Spartak Kiev. En sus primeros años sumaron muchas, y dolorosas derrotas. Pero el tiempo tímidamente empezó a darles la razón a tantas horas dedicadas, al deporte que extrañamente se fue convirtiendo en la razón de sus vidas. “Igor siempre nos enseñó a soportar, nos convenció que solo el trabajo colosal puede traer la victoria. Soportamos y las victorias vinieron a nosotros"rememoraban las ex-jugadoras de Turchin. Recién a finales de los ´60 el Spartak empezó su racha de victorias y medallas. Lo que ninguna de sus jugadoras imaginó, es que el reinado duraría tanto, y que el balonmano les daría los mejores años de sus vidas. 

Zinaida Stolitenko se transforma en Zinaida Turchyna

El entrenador que fue escuela por escuela a finales de los '60 buscando a esas jugadoras que lo convertirían en una leyenda del balonmano, se enamoró perdidamente de una de sus jugadoras. Fue el técnico-mentor de Zinaida, pero el vertiginoso paso de los años los convirtió en marido y mujer. En esos tiempos los comentarios sobre los 10 años de diferencia que tenían, dio que hablar, pero la verdad es que eso  no les importó. Se casaron en 1965, y ella a los 19 años se transformó en Zinaida Turchyna, nombre con el que es mundialmente conocida.

La relación en la pista se mantuvo igual. Ambos tenían claro que si querían llegar lejos, debían mantener las emociones fuera del área de trabajo. Mucho se escribió sobre las "maneras" que tenía Igor como entrenador pero las jugadoras (hasta el día de hoy) defendieron su estilo duro. Y es que su carácter ganador, es el que lo llevó en 1973 a hacerse cargo del equipo nacional de la URSS. Igor Turchin no dudaba del potencial de las jugadoras que él mismo pulió desde los ’60 por eso, 9 de las 12 citadas a los Juegos Olímpicos de 1976 eran del “Espartaco” Kiev. El oro que consiguieron en Montreal ratificó está proporción por muchos años, porque la máquina que construyó Turchin siguió sumando títulos por casi 2 décadas. 

Zinaida siempre ha repetido que “él (Igor) logró inculcarnos 13 años de amor por este deporte. Pasamos la mayor parte del tiempo con él. Al comienzo teníamos solo un entrenamiento a la semana, y al final terminamos teniendo 12. Éramos como una familia, porque con él hacíamos las tareas del colegio, también nos llevaba a teatros, exposiciones, eso era importante para él. Estaba interesado no solo en cómo jugábamos, sino que también en nuestra forma de vida. Era un entrenador despótico, porque para él solo existía el primer lugar”. 

Igor siempre nos enseñó a soportar, nos convenció que solo el trabajo colosal puede traer la victoria. Soportamos y las victorias vinieron a nosotras.

Es así como la hegemonía de la Unión Soviética tuvo un largo periodo de grandiosidad (1975-1988), que coincidentemente duro hasta el retiro de la pareja en los Juegos Olímpicos de Seúl donde consiguieron bronce, una medalla que auto-catalogaron como desastrosa. Su alejamiento fue solo del equipo nacional, porque a partir de ese minuto se dedicaron 100% al club de su vida. Es en el Spartak Kiev donde finalmente Zinaida Turchyna dijo adiós a las pistas, a los 42 años de edad. 

Igor Turchin como entrenador de la ex Unión Sovíetica. Imagen del Spartak Kiev. 

Igor no alcanzó a aplaudir el premio de su esposa

Aguantó tres ataques cardiacos, pero finalmente el entrenador más laureado de Ucrania murió el 7 de noviembre de 1993 en el descanso de un partido. Estaban en Rumania jugando con el Spartak por la Copa EHF contra el Rapid Bucharest cuando al comienzo de la segunda parte en la transmisión se ve claramente que salen los jugadores solos, sin Igor. Trabajó hasta el agotamiento, sin ahorrar en sí mismo, y murió en el descanso de un partido en Bucarest, una vez que terminó de decir algunas palabras a sus jugadores”, cuentan las crónicas de la época.

El legendario entrenador había muerto en el descanso del partido, en una pista de balonmano, bajo su ley. Zinaida recibió su cuerpo horas después cuando lo trajo un autobús. A pesar de la inmensa pena que la embargó, la gran estrella del balonmano ucraniano se aferró más que nunca al balonmano. Ese 1993 asumió la presidencia (hasta el día de hoy, según su página web) del club que ayudó a nacer a principios de los `60, cuando ella tenía solo 16 años. Recién en 1996 declaró que dejaba los banquillos, porque claro, también fue entrenadora de su Spartak y de su país.

El 2000 se anunció (con pocos bombos) que la Mejor Jugadora de balonmano del Siglo XX era Zinaida Turchyna, y ella desde ese minuto reconoció al cielo a su entrenador, esposo y compañero de mil batallas. Porque él se cruzó en el momento perfecto, para mostrarle a Zinaida que podía soñar a lo grande si trabajaba duro. Y así lo hizo la Emperatriz de Ucrania...Lo mejor de todo esto es que su historia no acaba, porque ella sigue arrimada al deporte que le ha dado todo. "No hay ningún día del año que no piense en balonmano"....

Zinaida, y un cuadro con Igor y jugadoras de la época dorada. Imagen de facebbok. 

Trailer documental "To Win It All" 

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