POR QUÉ NUNCA SEREMOS PROFESIONALES

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Escrito por Erik Hajas 

F Revista * diciembre 2018

En la administración de Michelle Bachelet se buscó la profesionalización de la dirigencia deportiva. Por ley si la Entidad era reconocida como “Federación Deportiva Nacional” el estado de Chile estaba obligado a pagar, como mínimo, un gerente General y una Secretaria a 1.500.000 y 600.000 respectivamente como monto máximo.

Con esto se suponía que el proceso dirigencial iría en franca mejora y permitiría a los deportistas concentrarse en lo importante y no en lo urgente. El tiempo demostró que la dirigencia sigue pensando en sí misma, solo que ahora con un factor más de poder, iban a estar subvencionados de manera estatal.

Actualmente las 56 Federaciones Deportivas Nacionales tienen subvencion estatal COMPLETA, donde se les suministran recursos para el pago de su personal administrativo, actividades de desarrollo interno y el desarrollo del Alto Rendimiento. Si bien los recursos no son infinitos se busca repartir de manera ecuánime incluso con Federaciones no olímpicas como aeromodelismo, automovilismo, bridge e incluso algunas tan inverosímiles como la de wako (un arte marcial donde una de sus modalidades de competencia es coreografía musical). 

No obstante a todo ello, lo más inverosímil es que toda esta parafernalia de financiamientos solo demuestra la dependencia total de las Federaciones con el Estado, donde no existe opción alguna de buscar autofinanciamientos porque es mucho más fácil recibir un dinero anual, distribuirlo y quejarse porque nunca es más; aquí un mensaje a nuestros dirigentes... No hay salud ni educación gratis, pero sí todo el sueldo de sus empleados (y sus viajes al extranjero). Excluyo de esto a la única Federación que autofinancia su desarrollo local, el triatlón.

¿En qué momento los deportistas entran a la palestra? En el momento en que deciden ser profesionales. En Chile la profesionalización del deportista está muy lejos de concretarse, y tiene que ver con lo descrito más arriba; se priorizó lo administrativo y sin resultados beneficiosos para quién ejecuta la actividad, para el que va a la arena a pelear.

 

La profesionalización deportiva pasa por la cantidad de empresas privadas que decidan aportar para el desarrollo de un deportista, sin embargo el modelo arraigado en nuestro sistema deportivo produce más dependencia que cualquier otra cosa; es más fácil reclamar porque no te suben el presupuesto que buscar métodos de apoyo económico. La Federación de Balonmano es el ejemplo vivo de un sistema de dependencia, más de cinco años bloqueada de recibir fondos por una demanda que no quieren resolver, con funcionarios que a pesar del tiempo siguen cometiendo los mismos errores y donde ADO Chile permite el desarrollo de nuestro deporte acorde a los estatutos. 

¿Por qué los deportistas no son financiados a través de los recursos entregados a las Federaciones? Básicamente porque de ser financiados de esa forma, deben cumplir un horario, marcar el reloj de control y distintos procedimientos administrativos que den cuenta del cumplimiento de la remuneración; es decir hacer engorroso un proceso que debería ser mucho más simple. 

En nuestro país los dirigentes buscan su propio posicionamiento, su propia profesionalización; en cambio al deportista lo glorifican en momentos claves; en la recepción de su medalla, en la entrega de la bandera, ¿en rigor? En cosas netamente simbólicas. La profesionalización deportiva debe basarse en situaciones concretas plasmado en recursos, donde los dirigentes estén en la búsqueda permanente del apoyo privado en las ligas, o en el desarrollo comercial de sus selecciones (por ejemplo). 

Quizás lo que nuestro balonmano necesite no sea un Presidente que esté preocupado de separar el continente, lo que realmente necesitamos es potencias nuestras ligas y tomar como modelo la Liga Nacional de Voleyball de Argentina; profesional, con fichajes extranjeros, todo esto gracias a la suspensión internacional y la necesidad de salvar un deporte...

DEPORTISTAS CHILENOS

¡UNÍOS!

Los quiere (y mucho)

Erik Hajas

 

Datos, Ley de Transparencia

OPINION    

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