MIS BARBIES JUGABAN

BALONMANO CON KEN  

Las mujeres atletas nunca fuimos más femeninas que hoy. En el mundo en el que las niñitas jugábamos con barbies, comenzamos también a formar nuestra “perso”, donde aparecieron nuestros primeros miedos, inseguridades y miedos. Las dudas se apoderaron de nuestro "coco". Cuando maduramos, creímos encontrar nuestras respuestas en ese mundo Disney. Pero no. No todo fue tan color de rosa, pero igual estamos bien paradas, bien compuestas demostrando que podemos ser femeninas y deportistas a la vez. 

Por esto y mucho más, quiero hacer un llamado a la calma a todas aquellas chiquillas atléticas que se sintieron como yo, cuando eran unas púbers. ¡Tenemos una esperanza! Estoy segura que hoy en dia existe una nueva femenidad, encarnada por estas fortachonas. Yo, ella, tu... ¡Sí! ¡Tú! Rompamos patriones, enfrentemonos al miedo, luchemos y seamos más reconocidas en cualquier nivel, como verdaderas superheroínas. Impongamos un nuevo patrón de asumir roles masculinos, sin perder la esencia femenina. No solo hablo de deportistas de alto nivel, estoy hablando de esas mujeres que ponen el tutorial en youtube, y hace ejercicios en casa en algún momento del día que tiene libre. Hablo de madres que entrenan con el coche del bebé al lado, runners, adolecentes, niñas, y muchas otras. Todas y cada una son especiales, en el momento que deciden enfrentar un reto deportivo: su cuerpo deja de ser un objeto observado por la mirada masculina, los músculos tienen una función, más allá del estético, y eso es lo que nos hace bellas. En este punto puedo decir que he encontrado respuesta a las interrogantes que tenía de pequeña, en ese mundo donde mis Barbies jugaban balonmano con Ken.

 

 

 

 

         

        n aquellos maravillosos, terribles y patéticos años de mi adolescencia mis compañeras de clases querían hacer ballet, danza, gimnasia artística, aparecer en los bailes de la presentación de la reina del colegio, o cualquier otro tipo de actividad del grupo de las “huecas”. Recuerdo que, en su gran mayoría, representaban niñas agrandá’ que se morían por salir con el mino rico del curso, llevar la última moda en el jeans day o ser las más bakanes bailando las coreografías de "Mekano" (en ese entonces, el famoso axé). Todo aquello bastante repugnante para la mocosa que corría por el patio del colegio con las rodillas rasmilladas y sin importar que se le vieran los calzones. Yo quería jugar balonmano con mis amigos en la clase de educación física, competir con ellos de igual a igual, pasarles boleta para demostrar que yo la llevaba en esto del deporte y, por sobre todo, hacerles saber que no era el sexo débil. Fue por esto que algunos pasteles me llamaron “marimacho”, “Juana Tres Cocos”, “camionera” o “tortillera” (¿?); lo cierto es que no me sentía para nada masculina por disfrutar de un deporte de contacto. Mis compañeros se dirigían a mí hablando con voz ronca, golpeando mi espalda como si fuera uno de ellos, y saludando con un “wena perro”. Los valientes me echaban un gallito en los momentos que el profe no estaba, a más de alguno le gané, pero eso no me hacía menos mujer.

 

Fue peludo encontrar una identidad en aquella sociedad chilena de la primera década del siglo XXI, donde era pelaá por practicar un deporte asociado con los machos alfas, vestir pantalones de buzo la mayoría de los días de la semana, aún cuando no tocara educación física, y levantar pesas... ¡¡¡Ahhh!!! ¡¡¡Esas pesas!!! Esas pesas que poco a poco iban formando un "cuero" alejado del modelo femenino fino y delicado. Era más alta que la media chilena (sobrenombre de jirafa me caía fijo) pero lo que más llamaba la atención era mi espalda, hasta el doble de ancha de lo normal, y mis "tutos" fuertes  ideales para jugar este deporte. Muchos creían que esos cambios en mi cuerpo eran síntoma de una masculinización, algunos cawineaban que me estaba creciendo barba en la pera (JA JA JA). Pero la verdad es que nada en mi me hacía creer que era un hombre, al contrario, me encantaba todas aquellas coqueterías de mujeres y a la vez, adoraba sudar la gota gorda entrenando. Es que acaso ¿no podía ir de la mano una cosa con la otra?

 

Han pasado muchas lunas desde entonces. Hoy aceptamos (y amamos) a esas mujeres guerreras que practican deportes para ir en busca de triunfos, compitiendo al mismo nivel que los chicos. Seguimos a través de Instagram o Facebook a aquellas "minas" que muestran su lado más femenino transpirando la camiseta, sintiéndose seguras, fuertes y potentes. Una tendencia que tiene sus orígenes un siglo atrás, cuando el género femenino comenzó a tener mayores libertades, saliendo de la esfera privada del hogar y mostrándose a la luz pública. El deporte fue fundamental para la emancipación de la mujer, allí podía vestir más ligera, competir, moverse y romper marcas. Lo que en un principio parecía una simple moda, pasó a ser parte importante de la vida cotidiana de las evas modernas.

 

 

 

 

 

E

En el pasado Mundial de balonmano jugado en Dinamarca (2015), me di cuenta que en su gran mayoría las deportistas no son para nada hombradas, al contrario, muchas de ellas ocupan la cancha como escenario de las mayores muestras de feminidad. La ropa ajustada dejó ver cuerpos atléticos, delgados, fuertes y definidos, fruto del ejercicio físico de cada día. No me parece raro que alguna de ellas dedique su tiempo libre a alguna campaña publicitaria o sea rostro de alguna marca de belleza, porque ojo, la moda con el deporte están mucho más emparentados de lo que creemos. Los peinados, dignos del mejor estilista de alguna prestigiosa revista fashion eran altas colas de caballo o complejas trenzas, que se acomodan luego de alguna finta rápida que dejaba algún cabello medio loco. Vi también como la cámara, en slow motion, capturaba tomas del balón que era untado en pega, por unas manos que tenían una perfecta manicura. También caché primeros planos que enfocaban bellos rostros maquillados sutilmente (o exageradamente) para darle color al "carasho". La verdad es que mujeres cavernícolas compitiendo eran pocas.

 

 

 

 

 

 

Primeros planos que enfocaban bellos rostros maquillados sutilmente (o exageradamente) para darle color al "carasho". La verdad es que mujeres cavernícolas compitiendo eran pocas. 

time out

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